HACER EQUIPO

Son las dos de la madrugada, acaba de llegar la calma y volvemos a la cama deseando que las horas de sueño puedan estirarse el resto de la noche.

Hará una par de horas empezaba todo, las niñas y yo dormíamos plácidamente, al menos eso parecía, cuando la mayor se ha despertado vomitando sin más. He escuchado a mi marido pedirme ayuda y me he levantado como un resorte sin saber muy bien lo que ocurría, a estas horas y con niños puede ser cualquier cosa.


He corrido a la habitación y me ha recibido una inmensa marea de vomito por todas partes, cama, baúl, suelo, niña y marido. No había tiempo para explicaciones, nos hemos mirado los tres sabiendo que en cuestión de segundos deberíamos repartir las tareas que se iban a presentar, de ello dependería el éxito y que el tiempo de resolución no se eternizara.



Como si de una prueba de "humor amarillo" se tratase he alargado la mano para alcanzar a nuestra hija en el aire sin que resbalase con el charco que nos separaba, al otro lado su padre, que eficientemente actuaba en la compleja tarea. Conseguimos llevar a la pequeña al baño, sucia por todas partes, llorando y mostrando abiertamente su asco. El mismo asco que intentamos disimular sus padres para no empeorar el momento.


No hay tiempo que perder, hacer una coleta, quitar el pijama sucio y esperar a que el agua de la ducha salga caliente mientras recojo los últimos juguetes que quedaban del baño que hace unas horas se habían dado su hermana y ella.


Compruebo con disgusto que voy a tener que lavarle el pelo de nuevo, lo que supone a estas horas tener que usar el secador y arriesgarnos a despertar a su hermana.


“Me duele la garganta, tengo algo raro ahí dentro”

Pienso en lo mal se siente uno en un momento así y en lo mal que lo pasan los niños al no comprender del todo qué le está ocurriendo. "Me duele la garganta, tengo algo raro ahí dentro" nos dice mientras la seco. Suerte que su padre ha terminado de fregar el suelo, ha cambiado las sábanas y ha puesto una lavadora con todo lo necesario, suerte que puede preparar una manzanilla mientras termino de secar el pelo de nuestra hija.




Nos miramos y sonreímos, no es sólo el amor, es una sensación de triunfo, de haber superado un nuevo obstáculo como equipo, es el saber que en ciertos momentos no hacen falta muchas palabras porque todo está perfectamente sincronizado gracias a la labor de comunicación que hay detrás, en los momentos en que las cosas son fáciles son los mejores para hacer que el engranaje se ponga en marcha, es cuando construimos un equipo capaz de organizarse para superar cualquier adversidad, y así se ha demostrado hoy.



Son las dos y media de la madrugada y nuestra hija duerme plácidamente limpia y seca a nuestro lado, aquí parece que no ha ocurrido nada. Cierro los ojos, puedo dormir tranquila porque me sé parte de un gran equipo, me siento segura y a salvo de casi cualquier contratiempo que pueda deparar el resto de la noche.